¿Te imaginas vivir en un país que discrimina a los ricos?

Podría decirse que lo normal es que se discrimine a una persona por ser de escasos recursos, pues la pobreza no se puede ocultar y las faltas de respeto no se hacen esperar, pero ¿te imaginas que las cosas se invirtieran?, ¿que lo ricos fueran más segregados que los pobres? Aunque no lo creas, esto se vuelve cada vez más común.

La discriminación se relaciona directamente con el tema de las minorías, puesto que aquello que no es representativo de la colectividad tiende a causarnos un alejamiento natural y es una realidad que —pese a que la pobreza se ha reducido con el paso del tiempo, por lo que cada vez más personas tienen una mejor posición económica— los ricos siguen siendo menos; la gente adinerada, aunque privilegiada, es una minoría y eso los coloca en desventaja con el resto de la población.

La brecha existente entre ricos y pobres genera una desigualdad inminente, así como un clasismo desmedido que está muy arraigado en la sociedad; las diferencias entre clases hacen irreconciliable la relación entre ambas y dejan la puerta abierta para su rechazo mutuo.

Ahora bien, la discriminación hacia las personas adineradas no nace de la envidia por sus bienes y dinero, como se pensaría, surge más bien por una idea reiterada por la historia y por la literatura: se ha relacionado la riqueza con la maldad y la pobreza con la bondad, de ahí que se haya generalizado la percepción de que la pobreza existe debido la explotación ejercida por los ricos y que éstos últimos carecen de empatía hacia los económicamente desfavorecidos.

El rechazo también viene por causas más actuales relacionadas estrechamente con el auge de las redes sociales, ya que mediante éstas quedan al descubierto las excentricidades casi irracionales de los ricos y las carencias que los vulneran haciéndolos dignos de repudio, como su escaso conocimiento de la realidad social y de la cultura en general, además de características que los exponen a situaciones irrisorias como su tonalidad al hablar.

Las redes sociales nos han dado la oportunidad a los pobres de burlarnos y discriminar a los ricos, pues nos acercan a ellos como nunca habíamos tenido oportunidad. No obstante, a pesar de que esta inversión de papeles donde el pobre discrimina al rico parece apropiada, recordemos que al final se trata de un acto deplorable al que nadie debe estar expuesto.

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