El problema de los escoltas en México

En un día normal, iba paseando por las hermosas calles de Polanco, en la Ciudad de México, cuando comencé a fijarme en lo que sucedía a mi alrededor, y pude notar que había múltiples automóviles de lujo, flanqueados por enormes camionetas, las cuales les abrían el paso a través del tráfico.

Eso me dejó pensando, en un tema que se ha comentado últimamente en nuestro país: el empleo de escoltas o “guaruras” para proteger a distintas personalidades, quienes –en teoría– se encuentran más expuestas a la inseguridad, gracias a su poder político, su posición económica o su fama.

Pensándolo desde esa perspectiva, es comprensible que estas personas, contraten algún tipo de seguridad para sentirse protegidos –obviamente nadie quiere ser secuestrado ni nada por el estilo– el gran problema viene cuando estas personas, y sus escoltas, abusan del poder que tienen, para amedrentar y abusar de los demás.

En los últimos meses, varios casos de abuso –cometidos por gente pudiente y sus escoltas– se han vuelto virales, gracias al uso y a la rapidez de las redes sociales.

Estas personalidades abusan del poder que tienen, y creen que están por encima del bien y del mal; su mente, les hace pensar que pueden agredir a los demás, sólo por el hecho de traer seguridad privada.

No puede ser que no existan consecuencias, para estas personas, quienes con una palabra, son capaces de mandar a golpear o agredir a alguien que, simplemente le pidió que se moviera o “se la mentó”.

El problema en México, es que los guaruras no sólo protegen a sus jefes de los peligros que representan los criminales, sino que los protegen de las personas comunes y corrientes, quienes tuvieron la mala fortuna de cruzarse por su camino. Sumado a todo esto, la realidad es que, la actitud de los escoltas tampoco ayuda, ya que, también se enferman de poder, al verse respaldados por sus patrones.

Es necesario que el gobierno tome cartas en el asunto; se debe de regular la actividad de los escoltas y detener los abusos y la violencia, que ejercen contra los demás ciudadanos.

Todos tenemos derecho a protegernos, pero, como dicen por ahí: tu derecho termina en donde empieza el mío, y todos los ciudadanos tenemos el mismo derecho a ser respetados, sin temor de ser violentados ni agredidos.

Ahí les encargamos a todos los empresarios, políticos, juniors y mirreyes: no abusen del poder que tienen, ni de la protección que les da tener a su servicio a un escolta, no se les vaya a regresar, y al rato estén llorando por los rincones.

@TotalmenteProle

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